También de vez en cuando
me detenía bruscamente ,empuñando el estoque, al oír la rotura de los ramajes
que desvelaba la presencia de algún animal. (Robert E. Howard. “En el bosque de
Villefère”)
Aún no anochecía pero ya había tomado el
camino de regreso a casa. En pocas zancadas abandonaría la espesura del bosque
para, tras atravesar el claro, llegar finalmente a la aldea.
En esas estaba cuando le sorprendió un
extraño ruido. En una vieja encina, dos ardillas se atareaban en lo que parecía
la entrada de la oquedad del tronco. Ambas, por turnos, parecían tirar de algo
que se hallaba en el interior del árbol. Usaban frenéticamente sus diminutas
mandíbulas y sus inquietas patas para deshacerse de algo que obstruía el
agujero del tronco.
Picado por la curiosidad, decidió
acercarse un poco más sin apenas guardar sigilo ya que las ardillas estaban tan
atareadas en su doméstica labor que no atendían a nada más a su alrededor.
Con un sonido seco, una de las inquietas
ardillas desatascó en parte aquello que tan afanosamente querían desechar.
Entre sus mandíbulas cerradas parecía tirar de una maraña oscura y húmeda. Un
último esfuerzo con ayuda de su compañera y dejaron al descubierto el
misterioso objeto. La mirada pavorosa de la cabeza humana recién extraída del
agujero justo antes de caer al suelo ocultándose entre matorrales, le paralizó
el cuerpo y el alma. Sólo el corazón angustiado empezó a latir con tal fuerza,
que le producía un agudo dolor por todo el pecho.
Las ardillas, ya indiferentes a su
macabro hallazgo, se perdieron en el interior del tronco. No obstante, una de
ellas, de repente asomó la cabeza dando un último vistazo al exterior
sorprendiendo al ya traumatizado observador. La mirada del animalillo parecía
estar inquiriendo algo así como “ ¿qué
coño estás mirando? “ . El desconcertado
testigo reaccionó finalmente dando media vuelta y tras casi caer rodando
por la leve ladera que daba al claro, inició una torpe carrera hacia la aldea.
No veía el momento de refugiarse en el rincón más oculto de su casa.
FIN

Creo que me ha dejado más inquieta la mirada de la ardilla que el hallazgo macabro.
ResponderEliminarLo consideraré un cumplido. Muchas gracias. Lo importante es que el relato pueda inquietar.
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