El sabor de la pulpa, ni muy madura, ni muy verde del fresco melón era lo más cercano a saborear la gloria. Era un ejemplo más de un momento en un pequeño paraíso terrenal. Él lo sabía y, ese primer mordisco que dió a la fresca y jugosa tajada de melón no le decepcionó en absoluto. Era uno de esos momentos en los que se piensa: En estos momentos, no existe nada mejor en el mundo. Y es que, la verdad, la ola de calor que estaba azotando a medio mundo ese infernal verano, y que ya estaba durando demasiado, acentuaba el placer (por la pura necesidad) de algo tan simple como comerse un pedacito de melón fresco y jugoso.
No importaba nada más. Ni que se estuviera literalmente cociendo bajo el sol del mediodía, ni que estuviera ahí de rodillas, en medio de la calle saboreando su manjar, ni su extraña sensación de estar viviendo algo casi irreal ni, por supuesto, los comentarios de la gente que parecía acercarse a su alrededor.
-Ahí tenemos otro de esos infelices muertos vivientes. Nunca podré acostumbrarme a esa asquerosa sangría. Anda, acaba con este repulsivo espectáculo Manu.
Y Manu, con la destreza que los días del Apocalipsis le fueron dotando, en una fracción de segundo cargó la escopeta de dos cañones y pulverizó el cráneo del zombie que con fruición devoraba las entrañas de un infeliz, deseando que no se acabara lo que le parecía la jugosa tajada de un dulce y fresco melón.
FIN
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