sábado, 25 de marzo de 2017

Que Suene

(Relato)


Lo que llevaba buscando durante un buen rato pasó a un segundo plano de manera instantánea. Su interés se evaporó en el momento en que, rebuscando en el cajón del recibidor, descubrió un revólver negro, brillante, semioculto en el fondo, como un  peligroso animal en su guarida. La sorpresa le paralizó los sentidos. La mente en blanco tardó en volver a procesar lo que podía estar ocurriendo. Solía rebuscar en ese cajón (con el tiempo convertido en mini trastero) con lo que la intrusión del arma forzosamente debía ser reciente.

<< No me explico cómo se ha enterado >>, se lamentaba mientras cogía con cuidado el peligroso objeto. El desliz con su secretaria fue algo puntual y ocurrió con la suficiente discreción en un apartado hotel. Sabía de las neuras de su celosa mujer, responsables de ocasionales zozobras en su relación matrimonial pero … ¿cómo pudo enterarse?. La noche del affaire avisó que volvería tarde a casa por imprevistos de última hora en el trabajo y por ello, excepcionalmente, no podrían coincidir ese breve instante de la tarde en que a ella le tocaba el turno de noche en el hospital. Por mucho que ella indagara, resultaba imposible que le hubiera descubierto.

El ya atormentado cerebro barajaba varias posibilidades: la muy zorra había contratado un detective mucho tiempo antes para que le siguiera y el sabueso podría haberle sonsacado a cambio de pasta al conserje del hotel o incluso a la propia partícipe del adulterio… quién sabe. Sea como fuere su mujer se había enterado y la muy loca estaba dispuesta a dejarlo hecho un colador. Seis balas en el tambor. Sin duda quería asegurarse.

Le sobresaltó el sonido de su móvil. De pie, con el revólver en la mano, no sabía cómo reaccionar. No estaba en condiciones de hablar con nadie. << Que suene >>.

Su incansable máquina de asociación de ideas acababa de topar con una incongruencia. Su mujer sabía que solía rebuscar habitualmente en ese cajón ¿por qué dejar ahí el arma? ¿ Por qué ella no había actuado ya?

<< No tiene agallas >> concluyó su mecanismo de razonar hiperactivo. La alternativa, no obstante, seguía siendo funesta. Si ella no se iba a manchar las manos de sangre, otro lo haría en su lugar. Alguien encantado de matar con arma ajena y así evitar pistas. Cobraría sentido además la ubicación del revólver en el fondo del cajón del recibidor, bien cerca de la puerta de entrada.

Nuevo sobresalto telefónico. Se acercó a la mesa del salón desde donde le reclamaba el móvil. La pequeña pantalla luminosa le advertía que era su mujer. Seguramente quería asegurarse de que se hallaba en casa. Ignorando de nuevo la llamada, volvió a dejarlo en la mesa cuando de repente se quedó todo a oscuras. ¿Un apagón? … mejor sabotaje.

A trompicones se dirigió de nuevo al recibidor pistola en mano para comprobar el cuadro de la luz. El inquietante e inesperado sonido del cerrojo de la puerta principal se unió a la macabra sucesión de hechos alarmantes. Quien  intentaba entrar era sin duda un extraño por el tiempo que se tomaba para que cediera el cerrojo.

La puerta abierta descubrió la silueta de un desconocido. El sicario se acercó al sencillo mueble y tras abrir el cajón – minitrastero y hurgar en él dio un respingo al oír <<¿buscas esto cabrón? >>

No hubo tiempo para más. Quizás fue el estado de inusual excitación, quizás no sabía cuan sensible podía llegar a ser el gatillo de un revólver, quizás fue un impulso imprevisto e irrefrenable. Entre las sombras del pasillo el fogonazo fue la antesala de la fulminación del extraño. Ligeramente aturdido por el estampido, se acercó al inerte cuerpo. Apenas podía distinguir su rostro, al recibidor no llegaba luz de fuera porque el apagón había afectado incluso al alumbrado público. A pesar de la penumbra, creía haberlo visto antes.

De nuevo el teléfono a escena pero esta vez se trataba del fijo que, ante lo infructuoso de sus repetidos pitidos hizo que el contestador automático con la voz de su mujer le explicara que no había manera de que contestara al móvil; que si llegaba antes de lo previsto a casa, que no se extrañara si alguien abría la puerta ya que ella misma le había dejado la llave; que no se preocupase porque se trataba de Pedro, el piloto de Mercury Air, su amigo del instituto que ya le presentó una vez; que como solía volar a lugares conflictivos, se empeñaba en llevar un arma de la que le obligarían a desprenderse y a dar una serie de explicaciones que no estaba dispuesto a satisfacer en los juzgados donde ese mismo día debía hacer una gestión.


En definitiva, que esperaba que no le importase que le hubiese ofrecido un lugar donde dejar el arma para recuperarla esa noche y así, de paso, si coincidían, podría recibirle con la gentileza que siempre le caracterizaba e incluso invitarle a tomar algo. Finalmente, que a ver si estaba más atento al móvil y que, como siempre, le quería.

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Debí responder por aquí. No si, ... ya le iré cogiendo el tranquillo a esto. Paciencia.

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  2. Muchas gracias Kristalle. Como habrás comprobado este blog apenas acaba de nacer. Es todo un honor haber recibido el primer comentario (el tuyo). El placer que me ha producido es enorme. Alguna vez me he dado una vuelta por tu blog. Pienso frecuentarlo. Gracias de nuevo.

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  3. Me encanta este post para la inauguración del blog. Felicidades y suerte.

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